el tiempo es intangible
y que los momentos se han perdido
ya no se recuperan.
Pero yo poco a poco encontraba
sutiles nuevas maneras de medirlo
entre tus metafísicos abrazos
y lentamente conseguías
que pareciera algo material.
Se consumía rápidamente cada hora
y pacientemente lo congelabas
como en una muerte dulce
y el antiguo tiempo moría
sin saber cómo cuantificarnos.
Ahora soy yo el que lentamente se congela
y él, tiranamente se venga
restándome minutos
y alargando cada hora eternamente;
vengándose de su momentánea muerte
y extinguiéndome.
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