Al principio del día pienso que hoy es igual que ayer, que nada extraño
va a suceder, pero entonces recuerdo una de esas historias que le pasan
a los amigos de los conocidos de mis amigos.
Como el caso de esa compañera de piso que se pasea con sólo una
camiseta de tirantes y unas bragas por el salón.
Como el caso de esa chica que aquel otro conoció en un parque y le
invitó a tocar el cielo mientras se dejara montar por sus bonitas
caderas.
O el de aquella otra que llegaba en su Mercedes y luego le llevaba a su
casa en donde follaban como locos durante un par de horas en su
jacuzzi.
También estaba aquella que invitaba a aquel tipo que nunca conocí a
casa de sus padres como un amigo más y mientras comían cogía la mano de
él y la introducía dentro de su pantalón y a continuación ella hacía lo
mismo en el pantalón de él.
Historias que nunca sabes si son reales pero que de serlo desatan en mi
la curiosidad y la imaginación.
Y mi imaginación conecta directamente con tu imagen, con tu cuerpo
desnudo cuando buscaba mi calor, esos pechos que tienen el tamaño
perfecto, que si fueran más grandes no cabrían en mi mano, pero que lo
hacen como si hubieran sido creados con ese molde.
Su color y textura, que quedan iluminados por los haces de luz que
entran por mi ventana en una soleada tarde de verano, me recuerdan a
los helados de fresa y nata que tanto nos gustaba comer como postre. Y
me excito.
Te llamo. La dicha de tu presencia se me antoja ahora necesaria aquí,
conmigo, en mi cama, en casa de mis padres, que ahora no están. La sola
idea de que llames al telefonillo, que cruces el umbral de la puerta,
donde estoy yo, aguardando como San Pedro, el lugar que te permite
entrar al cielo que te he preparado en mi mente. Antes de que de des
cuenta de que estás en el infierno de mis más sucios pensamientos.
No he preparado nada, quiero que surja, con ser nosotros mismos nos
basta.
Subes en el ascensor y apareces. Te veo, agacho la mirada, en forma de
reverencia ante tal belleza y sutileza. Y levanto poco a poco la
mirada, como escaneándote conforme vas acercándote, y sonrío y me
muerdo los labios, y un fuego se inicia en mi estómago y crece hasta mi
pecho, y acaba saliendo de mi boca en forma de "Hola amor". Me acerco a
ti, te agarro por la cintura y tiro de ti hacia adentro mientras hago
chocar mis labios con los tuyos y mi lengua, cual serpiente que busca
el conejo en la madriguera, se abre camino hasta tu lengua, y ambas
bailan abrazadas como en un baile de apareamiento. Tú mientras tanto te
encargas de cerrar la puerta con un gesto de tu pie.
Noto como tu piel cambia de especie, ahora es de gallina, pero las
plumas que salen de tu espalda son de ángel, y ése aura a tu alrededor,
me lo confirma. Me coges la mano y aprietas, haciéndome saber que no
quieres que pare, que quieres que siga. Con tu otra mano asciendes
hasta mi nuca y acaricias mi pelo con dulzura, para luego agarrarlo con
un poco más de fuerza. Te falta la respiración, así que te doy mi
aliento, a mí me entra sed, y me trasbasas tu saliva. Luego, como si de
un sueño se tratase, ambos abrimos los ojos, y adormecemos esa
sensación para que no se haga con nuestro control. Es algo que aún
tenemos que hablar.
Pasamos hacia dentro, yo he preparado todo para que sientas que eres la
única en el mundo, porque eres única, porque eres mi mundo, porque para
mí no hay más. Que no estén mis padres en casa facilita las cosas.
Dos velas, la comida preparada, lasagna de carne y verduras, con un
toque de especias exóticas. Vino lambrusco, para acompañar. Espero que
sea lo que más te gusta. Quiero hacer guarradas de niño pero con la
comida no se juega, pero yo quiero jugar con tu cuerpo, no así con tus
sentimientos. Como he dicho, no he preparado nada, todo en mi cabeza.
Quiero tenerte tan cerca que mi dolor sea tu dolor, que te pique lo que
a mí me pica, que sientas lo que yo siento.
Me da igual que se enfríe la comida, me apetece viajar del universo de
tu mirada al del sexo. Follarte y que lloremos, hacerte el amor y que
te rías, besarte y que todos los fluidos de tu cuerpo salgan a
saludarme: saliva, sudor, lágrimas, flujo, sangre...
No recuerdo aquella parte desde que te desabrocho la sudadera hasta que
estamos los dos exhaustos y durmiendo en mi cama, fundiendo sueño con
realidad.
Como siempre, despierto antes que tú, no sé qué tenéis las niñas
bonitas que siempre os pillo durmiendo, pero tú eres especial, lo
sabes, lo sé, hago que lo sepan, eres mía, soy tuyo.
No sé qué habrá de real en aquellas historias, ni sé qué será de sus
protagonistas, pero de nuestra historia, conozco el principio, y el
final, cada vez más lejos.
lunes, 17 de febrero de 2014
domingo, 2 de febrero de 2014
Microcuentos a 3.2.2014
@JagheterJuanK 30 de ene.
En la cama ella dijo "átame". Él pensaba sustituir la 't' por una 'm' pero ella se adelantó y la puso delante. Así acabó todo. #microcuento
@JagheterJuanK 30 de ene.
Harto de que dijeran que él lo curaba todo, el tiempo decidió comprarse un botiquín y empezó a estudiar enfermería. #microcuento
@JagheterJuanK 30 de ene.
Aquel mensaje dio tres tonos débiles, como tres fueron los puntos suspensivos que dejaban sus palabras, escritos en el tiempo. #microcuento
@JagheterJuanK 30 de ene.
Para la siguiente batalla, el cerebro habría entrenado leyendo las historias que hablaban de ello. A la siguiente, ganaría él. #microcuento
@JagheterJuanK 30 de ene.
Aquel #microcuento quedó atrapado en su mente como un enano en las fauces de un dragón.
@JagheterJuanK 29 de ene.
Al igual que cuando iba a Mercadona y elegía la "marca blanca", hacía con las personas, buscaba gente con "alma blanca". #microcuento
@JagheterJuanK 29 de ene.
Prometió darle alegrías cada mañana, así que, como Camarón, pegó "Un tiro al aire" mientras le llevaba el desayuno a la cama #microcuento
@JagheterJuanK 29 de ene.
Aquel no era un simple colchón, después de haber probado tantos, aquel tenía algo especial: La persona con quien lo compartía. #microcuento
@JagheterJuanK 27 de ene.
"Mirando tras el cristal, no sabía si llovía fuera o dentro...optó por salir. El Sol radiante evaporó toda duda" #microcuento
@JagheterJuanK 26 de ene.
Era una persona vengativa, comenzó a anotar cada uno de los besos que le negaba. Sabía que algún día se los devolvería. #microcuento
@JagheterJuanK 8 de ene.
Él miraba la lluvia tras el cristal. Ella le vio desde la calle. Le dio sus botas de agua y le enseñó a bailar bajo la lluvia #MicroCuento
@JagheterJuanK 16 de dic.
La piedra se preguntaba: Cuándo pararán estos torpes de tropezar conmigo? Yo, que ya he encontrado dónde quedarme en el camino #microcuento
@JagheterJuanK 13 de dic.
Ese día se embriagaron con el sabor a champán. Fue el tónico en el que remojaron su confianza y amor. #microcuento
@JagheterJuanK 8 de dic.
Primero amó ciegamente, luego amó con locura... Y así fue perdiendo uno a uno los sentidos por quererle. #microcuento
@JagheterJuanK 20 de nov.
Cuando peor lo pasaba era cuando el niño que llevaba dentro preguntaba por ella, Tuvo que explicarle que ya no jugarían más. #microcuento
@JagheterJuanK 15 de sept.
Y si no fuera porque la Soledad le acompañaba cada noche desde entonces siempre hubiese estado solo... #MicroCuento
@JagheterJuanK 12 de sept.
Probó mil almohadas y colchones sobre los que dormir. Finalmente, se dio cuenta de que no había nada como su pecho. #MicroCuento
El tío Julián
Esta es la historia del tío Julián,
que miraba siempre la vida desde detrás del cristal.
Su historia era como un cuento sin moraleja,
como un dolor del que nadie se queja,
como un espejo que ya nada refleja,
una flor de la que ya no liba ninguna abeja.
El tío Julián nunca sabía si quedarse o salir a jugar,
o simplemente salir a bailar y disfrutar.
A veces veía llover a través del frío vidrio,
pero no sabía si llovía fuera o dentro mismo.
Un día decidió sus dudas y miedos resolvería,
si a bailar bajo la lluvia por fuerza aprendía.
Descubrió que el Sol se convirtió en su aliado,
evaporando toda duda lejos de su lado.
Así fue como cambió la historia del tío Julián,
que siempre había sido un poco patán.
Empezó por lanzarle una sonrisa a la vida, para dejar de ser holgazán,
y ésta se la devolvió como si lanzara un bumerán.
Así que el tío Julián decidió dejarse llevar,
simplemente salir a disfrutar y nunca, nunca dejar de luchar.
Un día conoció a una bella dama,
de esas que son muy finas,
y que sonríen si un ojo les guiñas
y que con muco gusto te llevan a la cama.
Con ella algo en el tío Julián estaba cambiando,
todos le decían que se estaba enamorando,
y era verdad, pues algo dentro de su pecho se estaba descontrolando.
Fue a ver a una pitonisa,
que al preguntarle si ella era para él, le dio la risa.
- Pero no te preocupes, -le dijo
- pues mientras puedas te aconsejo que la disfrutes.
Nada puedo hacer más feliz al tío Julían,
quien esas navidades comería algo más que mazapán.
Luego, desgraciadamente, vino lo peor,
y al pobre tío Julián le llegó el desamor.
Fue duro superar la prueba
y sabía que aquella mujer
le había robado algo más que la cartera.
Pero tranquilos niños, no os preocupéis,
pues el tío Julián fue más fuerte de lo que creéis.
Supo entender qué era lo que había pasado,
y fue la primera vez que aprendió sin haber estudiado:
Que amores que matan nunca mueren.
Que compartir con alguien siempre es lo más,
pero que la felicidad se encuentra en uno mismo y no en los demás.
Desde entonces el tío Julián nunca se para
este gran hombre vive en carnavales,
y siempre, antes de salir de casa se pone una bonita máscara,
y le decía a todo aquel que por su felicidad preguntase,
que siempre iba a llevar aquella sonrisa,
pues su felicidad era insumisa,
pero la realidad era clara
seguía esperando que aquella espina se le desclavara.
que miraba siempre la vida desde detrás del cristal.
Su historia era como un cuento sin moraleja,
como un dolor del que nadie se queja,
como un espejo que ya nada refleja,
una flor de la que ya no liba ninguna abeja.
El tío Julián nunca sabía si quedarse o salir a jugar,
o simplemente salir a bailar y disfrutar.
A veces veía llover a través del frío vidrio,
pero no sabía si llovía fuera o dentro mismo.
Un día decidió sus dudas y miedos resolvería,
si a bailar bajo la lluvia por fuerza aprendía.
Descubrió que el Sol se convirtió en su aliado,
evaporando toda duda lejos de su lado.
Así fue como cambió la historia del tío Julián,
que siempre había sido un poco patán.
Empezó por lanzarle una sonrisa a la vida, para dejar de ser holgazán,
y ésta se la devolvió como si lanzara un bumerán.
Así que el tío Julián decidió dejarse llevar,
simplemente salir a disfrutar y nunca, nunca dejar de luchar.
Un día conoció a una bella dama,
de esas que son muy finas,
y que sonríen si un ojo les guiñas
y que con muco gusto te llevan a la cama.
Con ella algo en el tío Julián estaba cambiando,
todos le decían que se estaba enamorando,
y era verdad, pues algo dentro de su pecho se estaba descontrolando.
Fue a ver a una pitonisa,
que al preguntarle si ella era para él, le dio la risa.
- Pero no te preocupes, -le dijo
- pues mientras puedas te aconsejo que la disfrutes.
Nada puedo hacer más feliz al tío Julían,
quien esas navidades comería algo más que mazapán.
Luego, desgraciadamente, vino lo peor,
y al pobre tío Julián le llegó el desamor.
Fue duro superar la prueba
y sabía que aquella mujer
le había robado algo más que la cartera.
Pero tranquilos niños, no os preocupéis,
pues el tío Julián fue más fuerte de lo que creéis.
Supo entender qué era lo que había pasado,
y fue la primera vez que aprendió sin haber estudiado:
Que amores que matan nunca mueren.
Que compartir con alguien siempre es lo más,
pero que la felicidad se encuentra en uno mismo y no en los demás.
Desde entonces el tío Julián nunca se para
este gran hombre vive en carnavales,
y siempre, antes de salir de casa se pone una bonita máscara,
y le decía a todo aquel que por su felicidad preguntase,
que siempre iba a llevar aquella sonrisa,
pues su felicidad era insumisa,
pero la realidad era clara
seguía esperando que aquella espina se le desclavara.
En el autobús
Viajando hoy en el autobús, tu presencia he advertido, he comenzado a
hacer diferentes preguntas: Cuál era tu nombre? Qué te habría llevado
a estar ahí? Cuál sería tu destino?
Hoy viajando en el autobús, tu presencia he advertido, pero tú, tú ni
Aliados inmaduros
Odio cuando se alían el cerebro y el corazón, la mente y el alma, el sentimiento y el recuerdo, y comienzan una guerra fría por ver quién había dado más y quién se había equivocado. Luego juegan a un juego en contra de mi cuerpo, de mi razón, de mi cordura y soy víctima de sus trampas, reglas y artimañas. Porque cuando ellos se alían para traerte a mi memoria, a mis latidos, yo muero un poco más, y en parte se lo agradezco, porque pasar una larga vida sin verte ni tenerte va a resultar demasiado larga y dolorosa. Ojalá ambos tengan razón, porque uno se compadece y cree que eres feliz ahora y que es mejor así, pero siempre permanecerá colgado de ti, aunque esté colmado de impaciencia. El otro piensa y se estremece al imaginar en una vuelta, en que realmente tus palabras fueran ciertas y que es posible un reencuentro. Pero sé que he de ser el que ponga tregua, el que les diga que están equivocados, ambos, porque ni vas a volver, ni tus sentimientos van a volver a dirigirse hacia mi. Les hago saber que has sido una bonita historia, quizá real, quizá inventada, pero con la certeza de que has existido. Por eso les odio, porque no me hacen caso, son como un niño que no atiende a razones, que tiene fe ciega en algo improbable, pero así es como se madura, cuando ellos mismos adviertan la verdad que tanto me asusta a mí y que tanto me costó aceptar. Espero ser más fuerte que ellos y no creer lo que ellos me dicen, por tu bien, por mi bien. Al fin y al cabo, qué ironía, lo que nos une es lo que nos separa. Por eso te odio, por eso los odio, por eso me odio.
Di mi nombre
Allí se encontraba, recostado en la cama, con el ordenador sobre las piernas, viendo una de sus series favoritas. Era una fría noche.
Esa mañana había despertado como todas, abrazándola, disfrutando de ella, respirando su tranquilidad, ella, quizá aún dormía, o quizá ya hubiera despertado y se hacía la dormida.
Ese hombre, que la noche anterior la había intentado envenenar, que había sentido el olor a fracaso y ron que de su boca emanaba, aquel hombre que impedía que se fuera, que huyera y volara lejos, muy lejos, donde aquel hombre la dejara en paz.
Ella había estado con muchos hombres, la verdad, siempre cuando peor estaban, eran sus víctimas, o quizá, la víctima era ella, ya que estaba condenada a buscar a esos hombres fracasados, a esos hombres a los que nadie quería, y ella, era débil, y buscaba la debilidad, y asustaba a esos hombres, y los atormentaba, y ellos le temían, y a su vez, también le gritaban, le lloraban y pese a que ella no quería estar, la culpaban, pero ella no tenía la culpa, eran ellos los que la habían llamado o quizá alguien les había presentado, como una cruel broma del destino.
- Son todos iguales. -pensaba ella. Primero resulta que parece que se entregan, lo dan todo, incluso en algún momento, resulta convincente, casi real. Luego, se asientan en la comodidad, piensan en otras: Lujuria, Victoria, Mentira, Verdad, Violencia, Distancia...pero es sólo con una de ellas con la que sienten más morbo, con la que realmente es atractiva, pero a la vez valoran y quieren experimentar... - Conmigo, -se decía ella- conmigo es con quien añoran estar. Me desean tanto cuando no me tienen, y tan poco me valoran que hasta llegan a maldecirme cuando ya me tienen.
- Otra vez la misma historia. Igual que con Ellas. Primero me utilizan, creen que conmigo están bien pero se dan cuenta que no soy lo que necesitan... Entonces, ¿qué es lo que necesitan?.
Pero este hombre parecía distinto, no parecía un aprovechado, de hecho, aún ni siquiera le había culpado. Sabía que era una relación temporal, él se lo había prometido, pero que la necesitaba de momento, pero la necesitaba de manera distinta a los demás. Estaba hablando con ella, tratando de iniciar una relación, bonita, si bien es cierto que había sido tormentosa al principio, quizá la gran tormenta ya había pasado.
- Sé que te dejaré por otra - Le repetía él- pero quiero aprender de ti, si tú quieres, si no, sólo tienes que marcharte, prometo cuidarte mientras estás aquí, enséñame todo lo que sepas, de ti, de mi. No prometo no necesitarte más, quizá, te necesite como amante, ¿aceptarás eso?. Pero sé que eres el amor de mi vida, aunque no pueda convivir contigo. Espero me entiendas. Tú te irás y volverás, lo sé, pero siempre serás bien recibida, y mi cama estará para ti siempre que quieras.
Ella vió en aquellos ojos marrones y húmedos una sinceridad como ninguno le había demostrado hasta ahora. Muchos jugaban con ella, él la necesitaba. Aceptó el compromiso, aunque a ella le doliera, a pesar de que a veces estarían distanciados.
Esa noche, los dos se fueron a dormir apaciblemente, ella le había susurrado palabras de amor y cariño; él, cumplió con su promesa, durmió abrazado a ella, mimándola como se merecía.
Antes de dormir, él pronunció su nombre, y ella sintió estallar. Con los ojos bañados en lágrimas él le susurró:
- Te amo, Soledad.
Esa mañana había despertado como todas, abrazándola, disfrutando de ella, respirando su tranquilidad, ella, quizá aún dormía, o quizá ya hubiera despertado y se hacía la dormida.
Ese hombre, que la noche anterior la había intentado envenenar, que había sentido el olor a fracaso y ron que de su boca emanaba, aquel hombre que impedía que se fuera, que huyera y volara lejos, muy lejos, donde aquel hombre la dejara en paz.
Ella había estado con muchos hombres, la verdad, siempre cuando peor estaban, eran sus víctimas, o quizá, la víctima era ella, ya que estaba condenada a buscar a esos hombres fracasados, a esos hombres a los que nadie quería, y ella, era débil, y buscaba la debilidad, y asustaba a esos hombres, y los atormentaba, y ellos le temían, y a su vez, también le gritaban, le lloraban y pese a que ella no quería estar, la culpaban, pero ella no tenía la culpa, eran ellos los que la habían llamado o quizá alguien les había presentado, como una cruel broma del destino.
- Son todos iguales. -pensaba ella. Primero resulta que parece que se entregan, lo dan todo, incluso en algún momento, resulta convincente, casi real. Luego, se asientan en la comodidad, piensan en otras: Lujuria, Victoria, Mentira, Verdad, Violencia, Distancia...pero es sólo con una de ellas con la que sienten más morbo, con la que realmente es atractiva, pero a la vez valoran y quieren experimentar... - Conmigo, -se decía ella- conmigo es con quien añoran estar. Me desean tanto cuando no me tienen, y tan poco me valoran que hasta llegan a maldecirme cuando ya me tienen.
- Otra vez la misma historia. Igual que con Ellas. Primero me utilizan, creen que conmigo están bien pero se dan cuenta que no soy lo que necesitan... Entonces, ¿qué es lo que necesitan?.
Pero este hombre parecía distinto, no parecía un aprovechado, de hecho, aún ni siquiera le había culpado. Sabía que era una relación temporal, él se lo había prometido, pero que la necesitaba de momento, pero la necesitaba de manera distinta a los demás. Estaba hablando con ella, tratando de iniciar una relación, bonita, si bien es cierto que había sido tormentosa al principio, quizá la gran tormenta ya había pasado.
- Sé que te dejaré por otra - Le repetía él- pero quiero aprender de ti, si tú quieres, si no, sólo tienes que marcharte, prometo cuidarte mientras estás aquí, enséñame todo lo que sepas, de ti, de mi. No prometo no necesitarte más, quizá, te necesite como amante, ¿aceptarás eso?. Pero sé que eres el amor de mi vida, aunque no pueda convivir contigo. Espero me entiendas. Tú te irás y volverás, lo sé, pero siempre serás bien recibida, y mi cama estará para ti siempre que quieras.
Ella vió en aquellos ojos marrones y húmedos una sinceridad como ninguno le había demostrado hasta ahora. Muchos jugaban con ella, él la necesitaba. Aceptó el compromiso, aunque a ella le doliera, a pesar de que a veces estarían distanciados.
Esa noche, los dos se fueron a dormir apaciblemente, ella le había susurrado palabras de amor y cariño; él, cumplió con su promesa, durmió abrazado a ella, mimándola como se merecía.
Antes de dormir, él pronunció su nombre, y ella sintió estallar. Con los ojos bañados en lágrimas él le susurró:
- Te amo, Soledad.
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