Déjame que conduzca esta noche,
bajo esta ácida lluvia
que anega mi alma.
Con el riesgo
de tener la garganta
abrasada por el alcohol
y la vista perdida
mirando por el retrovisor
el ayer.
Sin temor a no tener frenos
y chocar contra tu cuerpo.
Sin cuidado de no derrapar
con las manos en tu espalda,
Ni chocar contra los quita miedos
que desgarran la ropa.
Dejando atrás muchos "para siempre"
en las cunetas de las carreteras
abandonadas
a
su
suerte.
Haciendo caso sumiso,
a las tímidas señales que me das
que me indican
qué
curvas
debo
tomar,
en
cuáles
debo
acelerar
y en
cuáles
debo
tirar
del
freno (y)
de (las)
mano(s).
Sabiendo que
mirándote a los ojos
saltaría
por cualquier acantilado.
Para convertirnos
en mar y roca
y un amasijo
de carne y huesos,
de heridas y besos,
de fuego y de versos.
Déjame que esta noche, conduzca yo,
en esta carretera
de lujuria desenfrenada
de deseo acelerado
y besos a la carrera.
jueves, 31 de julio de 2014
martes, 29 de julio de 2014
Quédate a mi lado, cinco minutos más.
Consuela saber que tras cada anochecer, hay un nuevo despertar, saber que cada gota de sudor de ayer, puede regar el éxito del mañanaintentando hacer florecer un mundo mejor.Flores, que nacen en el suelo, que se reflejan en tu vestido, que coloco sobre tu oreja, recogiendo tu pelo.Sentado, con una flor en la mano,pienso, recuerdo, me busco.Rebusco tu mano, entre el tacto de mis dedosno me parece tan bella,esta flor,si no la tocas tú.Porque hay lugares de los que no vuelves entero,y personas a las que nunca vuelves a visitar. Por más que lo intentes.Imagen, una imagen,ésa imagen,un único fotograma, y después toda la secuencia. Cuando mueres, al menos como yo morí, no ves tu vida pasar, ves ése momento, sucediendo de manera más lenta, lo ves desde fuera de tu cuerpo. Pero sientes todo. Quizá, la parte de ti que se queda, lo hace para obligarte a volver, de algún modo, a por ella, o a por ellas, o simplemente es la parte de ti que decides salvar, del resto de abismos, allí se queda, para siempre, feliz, sabiendo que siempre podrás volver, si cierras los ojos. Quiero volver, allí, a ti, creo que voy a cerrar los ojos, sólo cinco minutos más.
lunes, 21 de julio de 2014
Trenes de verano
No sé si seguir teniendo ganas de ti,
o pedir una orden de alejamiento contra tu recuerdo.
Porque siento que el peso de tanta necesidad,
o necedad,
ahora se torna en sobrepeso.
Y no quiero que en este tren,
del que no conozco destino
ni estación,
ni paradas,
me cobren por exceso de equipaje.
Y porque puede cambiar de rumbo,
y llevarme a cualquier lugar del mundo
donde no sea caro soñar,
donde no haya miedos
o que los sueños te puedan matar.
Porque lo que no mata,
en el momento,
te mata más tarde; pero:
¿Qué pasa si ya te ha matado?
¿Qué es lo que hace aquí ahora?
Creo en el despertar tras la muerte,
creo en compartirme,
con el sol a través de las cortinas,
y un olor evocador,
y unas uñas en mi espalda
a modo de despertador.
Pero, creo que esto es en parte,
un viaje más
del que estaré de vuelta
y sé que,
a la vuelta,
siempre viene a la mente
que quizá no apagaste el gas (que alimenta el fuego)
o que no cerraste bien la puerta (al olvido),
o que no le cambiaste el agua a los pájaros (de tu cabeza),
ni regaste todas las macetas (donde crecen emociones nuevas),
y no quiero volver
y encontrar rosas marchitas frías como piedra
ni pájaros enjaulados víctimas de la soledad,
o aborrecer inquilinos nuevos en mi salón.
Porque yo lo que quiero
es que vengas a ese salón
sólo tú y yo,
apartar los muebles en un rincón
y bailar,
al compás de un vals o un tango,
o hacer el amor en el jardín
de tu vestido de flores.
Porque lo que yo quiero,
mi niña,
es poder sacarte todos los colores.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

