lunes, 15 de septiembre de 2014

Ella será

Ella no se parece a nada que hubiera visto antes
Tiene el color de la miel en los ojos
Su boca sabía a frescura de un baño en el mar en una noche de verano
Y tenía la fuerza de una estampida de animales salvajes en la lengua
Su pelo había firmado un pacto de convivencia con el viento
Y su piel había hecho lo propio con el sol
Tenía la dulzura de la abuelita y la ferocidad del lobo
Sus piernas abrazaban mi cintura con volcánico deseo
Y sus brazos lo hacían con el calor de una tarde de manta junto a la chimenea en navidad
Sus párpados caían con la misma suavidad de una puesta de sol de un domingo en septiembre
Y sus lágrimas traían la melancolía de los árboles deshojados en otoño cuando adornaban fugazmente sus suaves mejillas
Sus manos acunaban mi calma cuando estaba nervioso y claman guerra si hacemos de la cama, nuestra trinchera
Me seguiré encargando de que en su pecho anidaran, en forma de besos, las golondrinas de Bécquer
Su espalda reclamaba su derecho a ser atendida por unos besos madrugadores los sábados por la mañana
Por su cuello escalan arriesgadamente todos los susurros que yo quería hacer llegar a sus oídos
Y sus clavículas son balcones abiertos a un buffet libre de pecado del que hubieran saltado muchos poetas suicidas



No sabía si escribirlo en presente, pasado o futuro, pues es un poco de todas.
Como decía, ella es especial, tenía la capacidad de cambiar mis ojos para ver mejor al mundo
Era capaz de apagar y encender intermintentemente mi corazón, aunque esta vez, lo ha dejado en stand-by

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