Otra vez me encontraba yo olvidándome de vivir sin ti.
No quería recordar quién era yo porque no quería olvidar qué fuiste tu.
Intenté dejarlo todo archivado en la carpeta a la que nombré "Olvido",
pero aprendí que no funciona así.
Tenía que olvidarte.
Tenía que odiarte.
Tenía que perdonarte.
Tenía que ignorarte.
Tenía que conocerme.
Tenía que quererme.
Tenía que liberarme.
Tenía que perdonarme.
Porque no pude hacerlo durante tanto puto tiempo.
Ignorarte era un ejercicio constante que me consumía, y que me consume.
Comprenderlo fue un ejercicio que me costó mucho tiempo y esfuerzo.
Olvidarte sé que es imposible. Ignorarte es lo único que he conseguido.
Pero si sopesamos la balanza sé que tu ganaste, te llevaste el gato al
agua, o más bien fuiste la gata que hizo que el perro se cayera al
agua.
Ahora huelo a perro mojado.
Ganaste el partido por goleada, no opuse resistencia, quizá marqué un
gol para la historia, como el de Zidane, pero acabé perdiendo, pidiendo
el tiempo y esperando el pitido final. Y no habrá partido de vuelta,
para ti fue una eliminatoria.
Ahora sólo espero poder mantenerme, ya que tú si que estás ya en otra
liga, y has fichado por otro.
Adiós, un adiós que no llega por mi parte, y que tú nunca quisiste
decir, cosa que me deja desequilibrado.
Cada día espero poder decirte adiós, pero de verdad, porque aprendí de
la derrota, y no quiero más oportunidades contigo.
Aunque yo te cargue en la memoria y tú pasees tu indiferencia con
collar de púas.
Me mataste, me atropellaste y me dejaste tirado en la cuneta, por eso
te digo muérete, que tu recuerdo sigue viviendo en mí, y te esperaré al
otro lado.
El problema es cuando "tenemos" que hacer algo. Basta desearlo para que nos sea imposible llevarlo a cabo. El olvido nunca acude cuando se le llama. Jodidas rupturas suicidas.
ResponderEliminarSalud y abrazos.